Un año con 251 días, los etíopes festejaron el año 2000 en 2007, un domingo de 1883 los norteamericanos tuvieron dos mediodías, los soviéticos impusieron una semana de cinco días y ya tenemos agendada una cita con el próximo fin del mundo: el 19 de enero de 2038.

“30 de febrero y otras curiosidades sobre la medición del tiempo” de Olivier Marchon  (publicado por Ediciones Godot) es un compendio de curiosidades irresistibles porque el tiempo es una sustancia tan cotidiana y familiar como inasible. Pero la clave del libro es, precisamente, trascender el anecdotario. Lo que guía a Marchon es cómo y de qué formas Occidente logró imponer su manera de medir el tiempo y por qué la noción de “tiempo” dice tanto de una época. 

Marchon nació en 1975 en París. Es físico de formación (un detalle que se filtra en las explicaciones claras que encuentra para ciertas cuestiones bastante complejas que se plantean en el libro) aunque trabajó como gerente de locaciones en cine y más adelante se dedicó a la dirección cinematográfica y televisiva. En 2003, filmó su primer documental, sobre una travesía en bote desde Tahití hasta Ushuaia, pasando por Cape-Horn y hoy trabaja como realizador independiente.

En el prólogo del libro plantea que, históricamente, el tiempo es un objeto de poder, de dominación política. Hay que poseer el tiempo para controlarlo. ¿Cuáles son las formas de control del tiempo que ejerce hoy el poder?
Es una pregunta compleja. El solo hecho de que el calendario gregoriano, que tiene un origen religioso, sea el calendario mundial puede ya interrogarnos. Y en el futuro, e incluso ahora, podría investigar las nuevas tecnologías para tratar de averiguar quién está "controlando" el tiempo. Creo que cada uno de nosotros lo vive en su experiencia diaria: estas herramientas electrónicas como los smartphones, las agendas electrónicas y las redes sociales, que se supone que facilitan nuestra vida y nos liberan, de hecho imponen su ritmo. ¿Es, tal vez, el comienzo de otra esclavitud?

Cuenta Marchon que el martes 19 de enero de 2038 a las 3 horas, 14 minutos y 7 segundos el mundo terminará de alcanzar el límite de tiempo informático UNIX, inventado en 1970 y omnipresente en el funcionamiento del control aéreo, los satélites, Internet y hasta los smartphones. ¿Por qué su fin? Fue diseñado con una arquitectura de 32 bits y ahí está el límite de su reloj interno. En 2038, nuestras computadoras corren el riesgo de hacer un salto de 137 años al pasado y esa posibilidad, esa hipótesis de pánico, tiene nombre aunque falten aun diecinueve años: "Y2K38 problem".

Al tratar "el problema del año 2038", cita a Murakami en 1Q84: "Cada uno, en lo más profundo de su corazón, espera el fin del mundo". Después de su investigación, ¿Por qué cree que se establece esa relación entre el tiempo y el apocalipsis?
¿Porque tenemos una concepción lineal del tiempo? A medida que el tiempo avanza, nos acerca a la muerte. Por lo tanto, la noción de tiempo está íntimamente ligada a la idea de desaparición. Pero no sé lo suficiente sobre el tema, sería necesario interrogar a un filósofo.

Después de la Segunda Guerra Mundial y aún ya librada de la ocupación alemana, Francia sigue usando la hora de Berlín. ¿Cree, como francés, que es una simple curiosidad, un capricho de la historia, o ve en eso una marca más profunda?
Honestamente, creo que es solo una curiosidad, un accidente de la historia. Sin embargo, es sorprendente observar que el principal aliado de Francia en Europa hoy sea en realidad Alemania y no Gran Bretaña, a la que Francia debería seguir en el huso horario.

¿La investigación le permitió acercarse a una idea de qué es el tiempo? ¿O cree, con San Agustín, que no hay respuesta para eso??
Puede haber una respuesta técnica: el tiempo tiene algo que ver con el movimiento. Si hay movimiento, sea lo que sea, hay tiempo. Pero aquí describimos un tiempo de "herramienta". 

¿En qué piensa cuando mira la hora?
"¿¡Recién!?", cuando me aburro y "¿¡Ya!?" cuando la estoy pasando muy bien. 

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