“S&M2” es el nuevo álbum de Metallica, grabado en vivo junto a la Sinfónica de San Francisco, y su segunda incursión en la mezcla de metal y orquesta, luego del “S&M”, hace más de 20 años, en 1999.  ¿Metal para la aristocracia o sinfonía para el pueblo? El disco tiene para ambos. 

Metallica for dummies

En los 80 Metallica hizo lo que quiso. Y se las ingenió para revolucionar un género bastardeado como el heavy metal. “Trash”, fue el término usado denotar al explosivo cocktail que cultivaron, mezcla de la furia cuasi-punk de Motorhead con la épica marcial de Iron Maiden. Así, los autodenominados “cuatro jinetes del apocalipsis” aportaron sutileza, brutalidad, complejidad, profundidad, velocidad, precisión y belleza (si, una indescriptible y profunda belleza) a un género que hasta ese momento solo quería rock and roll, chicas y alcohol. El clímax llego en 1991 con Metallica, más conocido como “el disco negro”, su álbum más vendido y que los puso en el mainstream, ahí con Michael Jacskon, Aerosmith o Madonna, tanto para beneplácito como para espanto de sus fans de la primera hora.

Y a partir de ahi Metallica se dirime entre hacer lo que puede y lo que se le canta. “Lo que puede” son discos mejores que lo que la crítica y los fans de los primeros tiempos esperaban (como “Load”, “Death Magnetic” o el aun fresco “Hardwired... To Self-Destruct”, que tienen sus momentos notables) y “lo que se le canta” son proyectos que van desde discos de covers (como el jugoso Garage Inc.) hasta un extraño album con Lou Reed (“Lulu”), incluyendo un concierto en la Antártida, o un documental sobre sus peripecias psicológicas (“Some Kind of Monster”), entre otras aventuras extra large: todo masivo, mucho disco doble, nunca un unplugged o un concierto en un teatrito, todo tan peligrosamente “Spinal Tap” (la épica película que se mofa magistralmente de los excesos del género).

Metal y carnaval

Y en esta saga, que va del capricho de millonarios al experimento honesto, Metallica saca “S&M2”, que, fiel a su estilo extremo, contiene 22 temas que se extienden por casi dos horas y media de duración total. 

¿Era necesario? No. Y ahí reside el principal mérito de este álbum. S&M2 es más bien una revancha de su antecesor, S&M. En S&M es como si Michael Kemen (director de orquesta y arreglador del proyecto) hubiese recibido la orden de “hace lo que puedas, nosotros vamos a tocar los temas como si ustedes no estuviesen” y así es que la pobre orquesta hace lo que le sale, en los pequeños huecos que le deja el ya de por si denso entramado de la música de Metallica.

En S&M2 - con repertorio muy similar al de S&M- la enorme ganancia está en el sonido, en la mezcla, en el interplay entre la banda y la orquesta, que ya no parece colarse en los intersticios del trash denso sino que ahora dialoga con la banda; si antes la orquesta sustituía (cuando podia), ahora complementa. 

Naturalmente, como casi ningún tema fue compuesto explícitamente para grupo y sinfónica (la excepción es No Leaf Clover), el resultado se aprecia mejor en las partes más climáticas (la introducción Call of Ktulu, la cinematográfica Unforgiven III o All Within my Hands) o en los temas menos hiteros (como la espectacular Moth into Flame, de su último disco de estudio) donde la oreja del fan es más permisiva con las reinterpretaciones. La elección del repertorio y el orden de los temas es inteligente: casi toda la primera parte está destinada a los temas menos conocidos, donde hay más espacio para la experimentación y por ende menos ansiedad.

Hay algunos juegos. La sinfónica queda sola para educar a los rockeros desaforados con una parte de la Scynthian Suite, de Prokofiev, que en el medio de tanto estruendo suena más a bien a la música de fondo de las partes dramáticas de cualquier película con Tom Cruise. La banda se une al convite para interpretar, con la orquesta, una parte de The Iron Foundry, del compositor soviético Alexander Moslov. El wah-wah histérico de la guitarra de Kirk Hamett logra agregar densidad a la ya de por si maquinal composición. Tambien hay algún espacio para la emoción, como con el público coreando el final de Memory Remains con la sinfónica sonando de fondo, o el merecido homenaje a Cliff Burton, bajista original, fallecido trágicamente a sus 24 años, y, para muchos, responsable de haber introducido el clasicismo en la banda.

Los hits aparecen esperablemente al final (One, Master of Puppets, el ya de por si orquestal Nothing Else Matters y Enter Sandman) y la sinfónica se esconde en un oportuno segundo plano, porque, para el fan de Metallica, meterle un colchón de cuerdas a Master of Puppets es como pintarle bigotes a la Mona Lisa.

La pregunta: ¿Rockea?

S&M2 es un álbum maduro, de una banda que hace rato que no necesita ni quiere dar exámenes. Cuando el proyecto logra sacarse de encima ciertos clichés (el dramatismo excesivo) o evita arruinar los hits, es capaz de lograr esos climas tensos que se asemejan a lo mejor de la historia de Metallica. La calidad del sonido es impecable, densa y repleta de colores. Y sí, en varios momentos da para subir el volumen al máximo, deshacerse del smoking, calzarse la remera de “Kill’em All”, mover la cabeza de arriba abajo y gritar “¡metaaaaaaa!l”, que, a la larga, de eso se trata.  

 

*Walter Sosa Escudero es economista, especialista en estadistica y econometría. Autor de Big Data y de Que es (y que no es) la Estadistica, publicados por Siglo XXI Editores. Dueño de una Gibson Les Paul y un Marshall JCM2000 

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