“Los libros se regalan, no se prestan”, define, categórico, Gonzalo Heredia, actor reconocido y, desde ya hace algunos años, agitador de la lectura y de todos los mundos que orbitan alrededor de los libros. Desde “Notas al pie”, el programa que conduce junto a Ana Correa en Radio Con Vos, se luce como un lector fresco y desprejuiciado. Entrevista y conversa con escritores con auténtica curiosidad y despojado. Participa, además, de @lagenteandaleyendo, una de las cuentas de Instagram que mejor funciona como foro de lectores. Después de varios años de taller literario, se animó a escribir y publicar: “Construcción de la mentira”, su primera novela editada por el sello independiente Alto Pogo, está protagonizada por un galán de telenovelas llamado Gonzalo Heredia (Sí, tachado). 

—¿Cómo empezaste a interesarte por los libros? ¿Cuál fue -a la distancia- aquel que abrió el camino?
—Por ahogo, desesperación, quizás anhelo de torcer la realidad que me rodeaba en ese momento. La primera vez que agarré un libro con la intención de leer, lo hice con el "estereotipo" de lo que era un lector en la cabeza. ¿Cómo me convierto en un lector?¿Qué es lo que tendría que hacer para sentir que realmente estoy leyendo?  A la distancia, el primero que resultó semilla fue "El Túnel" de Sábato. Despertó lo que hoy puedo identificar como la adicción por un libro, que los personajes sigan viviendo dentro de la cabeza, de que sigas pensando en cómo continuará la historia. 

—¿Qué te define como lector? ¿Qué buscás durante el rato que estás con un libro?
—Creo que me define el hecho de que no puedo dejar pasar un día sin leer. Algo; una línea, un párrafo, sesenta páginas. La búsqueda obsesiva de una corriente de pensamiento en una bibliografía y la construcción cotidiana de lo que Abelardo Castillo llamó “familia literaria”. Busco que me interpele: que ese autor o autora me hable, diga lo que yo no pude y que ilumine zonas todavía desconocidas. También busco formas, la forma en que está construido el relato, cómo me cuentan lo que me cuentan. 

—¿Qué condimento intuís que le suma tu gusto por la literatura a tu profesión de actor?
—No lo sé. El otro día en una escena que grabamos, el director (al que conozco desde hace más de diez años) me dijo que ahora construyo mejor las frases en las escenas que grabamos. Qué habrá querido decir decir, no lo sé, tampoco me acuerdo cómo las construía antes, pero creo que tendrá que ver con algo de la pregunta. 

—¿Compartís espacios de lectura con tus hijos? ¿Crees que algo de esa pasión por los libros se puede transmitir o más bien pensás que es un camino algo personal e individual?
—Cualquier pasión comienza como un camino personal e individual. Transmitirla a tus hijos debe ser algo así como querer atrapar un pez con la mano. Leo, no puedo dejar de hacerlo, a veces en momentos en que no tendría que hacerlo. Ellos son testigos de eso. Tengo la ilusión de que en algún momento de sus vidas se pregunten por qué este tipo tenía todo el tiempo un libro en las manos. Puede ser eso y me sale bien o puede que odien leer porque recuerdan que su papá leía todo el tiempo y no les prestaba toda la atención que querían. 

—¿Cuál fue el libro que más veces regalaste? ¿Por qué? 
—Soy de los que piensan que los libros se regalan, no se prestan. Creo que no tengo uno que haya regalado mucho, pero sí de repente se me ocurre que tal o cual persona debe leer sí o sí tal libro. Si lo tengo en mi biblioteca se lo regalo. Lo dejo ir. Estoy aprendiendo a dejar ir libros, a que sigan circulando. Por ejemplo: hoy regalé “Las vírgenes suicidas” a una compañera que tiene 19 años y la semana que viene, cuando termine de leerlo, regalaré “Ocho” de Amy Fusselman a otra porque sé que sí o sí tiene que leerlo ahora. 

—¿Qué tiene que tener una librería para que vuelvas? ¿Alguna preferida?
—Libros. Cualquiera que los tenga, ahí estaré. Podrían ser Eterna Cadencia, La Coop, Falena o Libros del pasaje. 

 

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