En el comienzo hubo un Elliott. Un chico sensible, solitario, hermano-del-medio… amigos imaginarios. Una noche encuentra al extraterrestre más humano de la historia de la ciencia ficción. Y desde allí, dos secuencias que sellan la memoria, ya no de esa película llamada E.T., sino de toda la historia del cine: un dedo que cura (un homenaje a La Creación de Adán de Miguel Ángel y la escena más ecuménica del séptimo arte) y un corazón que se enciende y florece cuando Elliott le habla en susurros. Dedo y corazón resplandecen en naranja incandescente. 

REWIND

Hubo un tiempo que no fue hermoso. Hasta bien entrados los 90, el rock parecía dividirse entre lo comercial y lo subterráneo. Lo que los británicos llamarían indie y los norteamericanos música alternativa aún no estaba al alcance de todos. De un lado música FM, del otro una barrera de bandas como una defensa futbolera, sin duda dotada, pero de pura hombruna y testosterona, con nombres y formación como Slayer-Anthrax-Metallica-Megadeth. Un espíritu adolescente que se parecía más a una advertencia por radiación o un ‘’en caso de consumo llame al…’’, que a una nueva ola musical. Gustos aparte, la nueva rompiente de música se hizo masiva con el Unplugged de Nirvana, que demostró que la fuerza podía ser suave, que el fino metal (ya no pesado) de la canción podía contener toda la ebullición del rock con aleaciones de guitarra española, chelo y acordeón a piano. Un sonido acústico que también abrió los oídos y charts para fenómenos globales como Buena Vista Social Club o Manu Chao. Al final de ese disco, Kurt Cobain (que solía presentarse vestido de mujer o invitar a que los homofóbicos abandonen la sala), con toda su fragilidad del arquero ante el tiro del penal, resplandecía con una de las interpretaciones más conmovedoras de la historia: “Where did you sleep that night’’, una canción folk ¿popularizada? en los 40 por el oscuro cantante de blues Lead Belly. 

Muy poco después de ese disco (y del suicidio de Cobain), en 1994, Elliott Smith grababa su segundo disco. Que llevara título su nombre y apellido a secas, algo típico de óperas primas, debe leerse como una declaración autoral: ‘’mi discografía empieza aquí’’ (antes había grabado un álbum primer álbum de media hora, Roman Candle). Un disco mayormente acústico con la compañía de armónica y batería (esa percusión, escasa en su discografía, pero ineludible en su canción ‘’Waltz #2’’, la más conocida de su repertorio). “Gemas en estructura, melodía y viveza lírica” diría la revista Rolling Stone. Y vivaba “las guitarras complejas y a la vez poco ostentosas”. Efectivamente, en una entrevista con la revista inglesa NME, Elliott Smith se declaraba amante de la guitarra flamenca, un gusto y sensibilidad que lo acerca a otro ‘’hermoso perdedor’’ (el copyright es del maestro zen, acústico y lorquiano, Leonard Cohen): Arthur Lee y su sublime grupo de los 60, Love. También con Elliott Smith (el álbum) comenzaría una discografía cual capilla Sixtina: álbumes perfectos, una residencia celestial de canciones tan hermosas como tristes, iridiscentes y melancólicas. Y no hay oxímoron.

FAST FORWARD

Luego de este disco seguirían Either/Or, XO, Figure 8 y el póstumo From a basement on a hill. Como sugiere la biografíaTorment Saint: The Life of Elliott Smith, de William T. Schultz, la discografía de The Beatles y Smith se asemejan por no tener un solo disco flojo. Hoy, un cuarto de siglo después llega la edición Elliott Smith: Expanded 25th anniversary edition. Vinilo doble, remasterizado, librillo de 52 páginas y un segundo disco, en vivo y con canciones inéditas. Pero, sobre todo, la paciencia del vinilo: ese espacio (temporal) de púa sobre sonido acústico, sin random, sin shuffle o conexiones. Aquí la conexión es entre forma(to) y contenido. Y es total.

PLAY

El comienzo es con “Needle in the hay’’, la clave de todo: el canto murmurado de Elliott, su voz doblada al filo de la muerte y la búsqueda de belleza, como “aguja en el pajar” (needle in the hay). La canción la utilizaría Wes Anderson, esa suerte de Elliott Smith del cine, en The Royal Tenenbaums para una impactante y a la vez poética escena de suicidio. Clementine” está basada en la canción tradicional folk “Oh My Darling, Clementine” (la misma que cantaba la afásica Kate Winslet / Clementine en Eterno resplandor de una mente sin recuerdos). Más adelante “Coming up roses” y su glorioso solo de guitarra tan George Harrison y la devastadora “The White lady loves you more”. 

Las letras de Smith acusan una sensación de desesperación: ‘no necesitaría un héroe, si no me sintiera como un cero absoluto” en “Good to go”. Pero tampoco se priva del humor o de lo agridulce (como el cine de Anderson): “me ves sonreír, pero creés que es un ceño fruncido, en un rostro invertido” (en la canción “St. Ides heaven’’). Y como en el cancionero adulto de María Elena Walsh ("Mírenme, soy feliz, entre las hojas que cantan…"), en el jardín de canciones de Elliott Smith también florecen frases soleadas con melodías tristísimas, compuestas en acordes menores. Letras finas que nunca abandonaría, como luego en “Can’t make a sound”, del disco Figure 8 (un guiño a la aniñada cantante de jazz Blossom Dearie): “Me he convertido en una película muda, el héroe asesinó al payaso y yo sigo sin poder hacer un solo sonido”. O la canción ‘’Miss Misery”, parte banda de sonido de Good will hunting, que lo llevaría a su gran introducción mediática en los Oscar en 1998. Así como Paul Simon (con quien tanto lo comparaba el periodismo) cantó para para su generación “Hola oscuridad, mi vieja amiga” en ‘’Sound of silence’’, o Jim Morrison su “este es el fin, mi único amigo… el fin” en “The end’’; Smith, incómodo y desconcertado, pero acaso más confesional, haría lo mismo coreando su “¿Me extrañas, señorita Miseria?”. Además, el vinilo extra de esta edición, Live at Umbra Penumbra 1994, documenta su grabación más antigua como solista, y sobre todo revela una obra cuya influencia sigue expandiéndose.

PAUSE

La desnudez de Elliott Smith era poética, no literal como la de otros coetáneos de los 90 (los viriles y desinhibidos Red Hot Chili Peppers tocando desnudos su give-it-away-give-it-away-give-it-away-give-it-away-now). Acaso, porque Smith comenzó como parte del grupo under Heatmiser catalogado por la prensa como "homocore", de letras abiertamente gay, sabía que la procesión iba por dentro. Se desvestía en canciones.   

La reseña original del sitio Allmusic de este disco habló de una ‘’entrega susurrante, fina como una telaraña’’. Otro Eliot, T. S., el poeta, en su obra Los Hombre huecos escribió al final, “Así es como el mundo acaba… No con una explosión, sino con un gemido’’. El susurro y el gemido de Smith dejaron una senda para lo que vino después. Hacia adelante, en fast-forward, artistas como Bright eyes, Surfjans Stevens, José González. Acústicos y enérgicos. Folk, pero contemporáneos. Pero incluso hacia atrás, cuando Smith rebobinaba e interpretaba canciones de otros, redescubrimos a The Kinks o a los asombrosos Big Star. Los productores de sus discos (como Jon Brion entre otros) trabajarían también con artistas como el pianista de jazz Brad Mehldau o con esa suerte de León Gieco brit (permitámonos una comparación localista), acústico y eléctrico: Richard Thompson. Más allá de la música, hay una forma Elliott Smith, oblicua que desde entonces habita el arte. Como si él mismo hubiera sido un personaje del director Gus Van Sant o como si su rastro pulsara en películas como Punch-Drunk Love, Eternal Sunshine of the Spotless Mind, LadyBird o The squid and the whale, que dieron forma a la sensibilidad del nuevo milenio. Y de manera antojadiza y local, hasta en canciones como “Bottle up and explode’’ (‘embotellate y explotá’ y excelsa versión de Brad Mehldau) podemos trazar un arco que nos lleva a otro maldito y acústico, pero local: el uruguayo Eduardo Mateo que, casualidades, acuñó el término ‘’embotellado’’. 

REPEAT

Ocho años después de este disco Elliott Smith se quitó la vida clavándose un cuchillo en el corazón (un suicidio que nunca se esclareció y que fue alimentado por la teoría de su temporada en el infierno de drogas, alcohol y varios abusos). Y de allí en más, todo un culto con peregrinaciones a pubs, lugares de la infancia del ídolo, murales en Silver Lake, Los Angeles, como un Rimbaud contemporáneo. "Si conocías a una chica, y en su habitación había discos de Nick Drake, probablemente ibas a querer casarte con ella", dice una voz al comienzo de A skin too few, el documental sobre Nick Drake. El casamiento tal vez tenga los días contados. Todo lo demás puede y podrá seguirse diciendo de Elliott Smith. 

Hoy sus canciones, como la escena final entre Elliott y E.T. cuando ambos se invitan mutuamente a vivir en sus planetas, pero sin embargo se despiden, quedan entre nosotros. Se encienden, muy humanas, y reviven cuando volvemos a escucharlas. Como un corazón, naranja incandescente.

Últimas notas de "Música"

Gracias Vangelis

Música

Por: Leticia Valdes - 20/05/2022

Recordamos a Evángelos Odysséas Papathanassíou, más conocido como Vangelis, a través de sus extraordinarios sonidos.

Lo esencial es invisible

Música

Por: Zivals - 20/04/2022

La banda de Luis Alberto Spinetta, Héctor “Pomo” Lorenzo y Carlos “Machi” Rufino vuelve con un material inédito grabado en vivo durante dos shows en el Teatro Coliseo.