Así como su protagonista busca señales revolviendo en el barro para que este le hable, el libro hurga en el dolor colectivo intentando desenterrar aquellos silencios que ya llevan demasiado tiempo.

"Cometierra" es la primera novela de Dolores Reyes y es, al mismo tiempo, una joven que conecta profundamente. Conecta con el sitio exacto en el que algunas no pueden descansar en paz. Conecta con la tierra que devora con esfuerzo para encontrar a esas mujeres y a todas aquellas que, aún con vida, también faltan. Y aunque a veces lo que ve le rompe los ojos, no puede dejar de mirar, no puede dejar de buscar.

Esta hija de una víctima de femicidio, lejos de jactarse de su don, duele y teme cada vez que vienen por su ayuda. Madres, tías, amigas, hermanas que no quieren rendirse y que “Cometierra” reconoce como iguales: _"Soy como ella -me dije-. Sé su nombre y que está viva. Quiero encontrarla. Yo me parezco a María. En los labios, en el pelo, en el color de mi piel está la tierra y está ella: unos ojos que son, para mí, un puntazo en la carne. No voy a dejar que quede ahí, viva y abandonada entre sombras". Porque somos cada una de las violencias impregnadas en nuestros cuerpos y en los cuerpos de otras, la protagonista no gira la vista hacia otro lado.

Pero “Cometierra” no es sólo una sobredosis de intensa realidad, también nos habla de cuidado, de fraternidad, de la búsqueda del amor y la propia identidad. “Cometierra” quiere ser. Y está trazando su propio camino.

Este es un libro breve pero explosivo que pronto se transformará en serie. Tierno, sensorial, cada página esparce fragancias húmedas, florales, tibias, rancias. Editado por Sigilo, escrito a partir de un taller dictado por Selva Almada y Julián López e inspirado por el texto de uno de sus compañeros, aquí no faltan la pizza, la cerveza y el áspero sabor a conurbano que pega tanto o más que una botella helada.

 

 

 

 

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