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¿Qué sucedería si personas de cualquier lugar del planeta pudieran meterse en la vida de otras? ¿A través de
qué dispositivo lo harían?
No son mascotas, ni fantasmas, ni robots. Son ciudadanos reales, y el problema —se dice en las noticias
y se comparte en las redes— es que una persona que
vive en Berlín no debería poder pasearse libremente
por el living de otra que vive en Sídney; ni alguien
que vive en Bangkok, desayunar junto a tus hijos
en tu departamento de Buenos Aires. En especial,
cuando esas personas que dejamos entrar a casa
son completamente anónimas.
Una idea insólita y oscura, tan sensata en sus re?ejos
que, una vez que se entra en ella, ya no se puede salir